viernes, 28 de diciembre de 2012

Bienvenida microfibra: amantes

Oia en silencio los comentarios de las companheras de la cabina. Una decia que su marido tenia los gluteos redondos como melones seguro no por enfundarse la verga en la vagina de ella sino la otra. Hacia gestos con las manos y se cubria el cuello que era a donde le gustaba al marido dejar una grotesca mancha morada que era lo unico que tenia de recuerdo ni siquiera apreciable de una mecida nocturna con intenciones de amatoria. La otra decia que no podia decir con quien decia que salia, un guapo hijo de diplomatico de la universidad a donde ella llego becada y el otro recomendado porque ante las pruebas las explicaciones eran odiosas primero nunca salian los fines de semana, segundo siempre despues de las 11pm, tercero la tenia con otro nombre en el telefono, cuarto siempre se encontraban en el mismo restaurante caleta a la espalda de un banco. Y en lo amatorio tampoco le servia la diplomacia porque los ganchos de izquierda se dan contundentes y no se conversan, sus ganchos eran palmaditas en sus gluteos y puro gemido sin arrolladoras pulsaciones.
Muchas veces me habia quedado en silencio porque mis amantes no eran asi de novatos ni desentendidos, habia tenido suerte y no lo sabia, me preguntaba si no era yo quien no sabia distinguir lo dulce de lo agrio, pensaba mucho andes de hacerlo pero luego terminaba feliz y todos volviamos como quien vuelve al momento donde ha sido estrujado, frotado y amasado para conseguir mas de un orgasmo. Volvian ellos y volvia yo, porque el trabajo siempre se hizo bien. Hasta que me llego el dia en que un novato sin talento se sumo a la paleta, y tuve que hablar, en la cabina ellas creian que lo estaba inventando. El chico no sabia que la piel transmite de manera fiel lo que el cerebro desea, no sabia donde tocas, como moverse, en que posicion ponerse, que decir, parecia que nunca habia prestado atencion al acto mismo y a las implicancias de los detalles, parecia tampoco conocer su talla de condon o el halago, se remitia a meter y sacar como el maestro pintor hace con la brocha en el balde de pintura, mete y saca sin preocuparse del movimiento o el tiempo, el ritmo o la forma, luego incapaz de conocer su propio cuerpo no sabe si esta cerca o lejos si esta duro o blando si es suficiente o escazo, y agrega ternura como quien arma un racimo en el florero sin pasion y coneccion alguna con el mundo. El el fondo las chicas de la cabina se rieron porque perdi mi suerte. El chico sudaba como un puber y blandia su espada sobre una almohada porque a esas alturas yo estaba en una piscina con algun otro.


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