sábado, 9 de junio de 2012

Maquinaria Emocional -

Alguna de las escenas de Maquinaria Emocional, que pensé acabaría con el encuentro furtivo y casi tarantinesco (¿?) de su protagosita y yo en una callejuela del centro de Lima, ocurre en esa casona hoy convertida en patio de burócratas del Jr. Anchash. Uno y más que algunos, para ser sinceros, nos hemos convertido en periodistas, barrenderos, enfermeras, locos, artistas y poetas y todo oficio marginal al ingresar por esas arcadas republicanas, al penetrar en la capilla destruida por tantos temblores. Y al conversar con alguno de sus habitantes, no menores de 70 años se podía respirar el desperdicio que es la vida, porque pasado cierto punto a todos nos ha pasado o les va pasar que entienden que no hay punto de retorno -ciertamente no lo hay-, en el sentido figurado es como un darse cuenta de lo único que deberíamos entender para poder llevar los años encima: que nos vamos a morir pronto. La razón de ser humanos es ésa y no otra, que nuestra existencia se va acabar más temprano que tarde, y aunque parezca que tarde es más rápido de lo que se espera. En ese punto de inflexión fue en el que inició el relato, en esa capilla, mientras destruíamos los muros, para lo que es hoy  la "casona restaurada". Aunque para ello habrían tenido que dejar algo en pie del original, cosa que no ocurrió, como suele pasar en los asuntos del gobierno. Una imitación burda, del estilo de conservación de un italiano que casi termina lavando toda la capilla Sixtina en su quimera de haber encontrado la cura perfecta para la decoloración de los años, como si los años no debieran permanecer. Ninguna historia podría inspirar el reluciente marco de pan de oro barato y la lacas capa tras capa sobre la madera tallada haciéndole perder los años artificialmente. No hay nada de verdad en ese monumento del centro de Lima.
Lo que sí hay, reflexionó ahora que recuerdo a la congresista Moyano en otro escenario similar, es la demagogia tan natural de los congresistas, quien ofrece inmediatamente y por coyuntura un puesto trabajo en la mesa de trabajo del Congreso a una fotógrafa despistada que por ahí pasaba a exponer sus diapositivas.
¿Sabrán ellos que la vida de los edificios extingue junto con  quienes las habitan? Todos los residentes de la casona fueron derivados a varias casas de reposos repartidas por la capital. Como se reparten las familias de refugiados entre campos instalados por fuerzas extranjeras. De eso se trata la Maquinaria Emocional, de movilizarte de tu realidad y convertirla en ajena, deshumanizarte, sólo para fumar un cigarro, en el entretiempo.

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