miércoles, 23 de mayo de 2012

stright back: un socialité


El hombre rana al que me referí la primera vez tenía la costumbre de levantarse señoritos. éste en particular me había atraído porque no estaba dentro del círculo arty que usualmente frecuentaba con mi amiga la galerista, sino que había llegado de amante a los brazos del pintor.
Llegó sin saber cómo sostener un lápiz, cómo pensar en tres dimensiones y sin tener noción de quién era Hirst.
'Tengo un cuadro de dos metros por tres, muy bonito, que ha estado en casacor" le dijo a mi amiga.
Hoy, me dijo ella, amo mi trabajo. qué difcil es venderle a la gente que no tiene dinero. esa gente, me decía levantando un vaso con scotch, debería ir a los museos y ver el pasado, porque un museo es como la vida cronicada de alguien que aún vive pero que está muy ocupada viviendo en el pasado. 
y qué precio tiene? preguntó por curiosidad mi amiga.
"cuatro mil" respondió él.
Perfecto, dijo ella, déjalo no más.
ah yo la conozco, tanto como al hombre rana, y juro que si fuera mujer la odiaría.

Tiene un cabello ondulado como el de una sirena de Disney, los ojos negros como si hubiera nacido en un país desértico y las manos con dedos tan largos que me preocupo constantemente por la alimentación de su madre, son antinaturales, son delicadas piezas de un juego oriental, y parece que se movieran independientemente de fuerzas anatrópicas (?), su cuerpo es como el de cualquier otra mujer que ha tenido el privilegio de practicar ballet y natación, nada extraordinario, mas bien de belleza ordinaria, que por perfecto carece que provocación. Pero por sobre todo, incluyendo su manera de hablar y la cantidad de cigarros que fuma sin que le salgan ojeras al día siguiente, la odiaría porque miente casi con la verdad.
Es a diferencia de lo que parecería es una mujer bastante honesta. Nunca dice nada en lo que no cree, y está convencida de que todo tendrá un efecto negativo.
Cuando le dice algo a alguien, como al agarre del hombre rana, creo por completo en lo que  dice, y nunca desenmascara su mentira delante mío, tampoco la viste de verdad, sino que la cree, y su mentira se convierte en verdad, y me parece que aunque le demuestre lo contrario, siempre habrá en mi la duda de si no he manipulado los hechos para hacerle creer que miente.
Este muchacho piensa que porque una decoradora, que no sabe nada de arte le dijo que su cuadro era bonito puede ponerle cuatro mil al bodrio éste. Pocos cuadros merecen apelativos, en el universo pocas personas tienen el deber de enfrentarse a una producción humana como esta, por lo tanto es mi deber evitar lanzar al mundo algo tan poco creativo. 

"He pasado horas con este cuadro, encerrados en mi taller, sólo él y yo, como mirándonos, entiendes? es una danza, entre el cuadro y yo, pensaba qué necesita, qué necesita... y sabes qué? no, uno tiene que sentir que algo está terminado cuando está terminado, entiendes?"
Es tu novio el que te trajo? pregunté, ése hombre rana?
"no, en absoluto, es un amigo, nada mas"
Es amigo de mister T? pregunté
"no, en absoluto, es un socialité, nada más"
Le encanta tu cuadro, que pena que no te guste, le dije.
"En serio? tampoco hay que ser tan quisquilloso, no? los socialité siempre son una curiosidad"
Y sabes qué es lo mejor: que no sabe nada de arte.

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