viernes, 18 de noviembre de 2011

umbral -1

noté que algo no estaba en su sitio cuando vació la botella en vinagre en la sopa. Mientras me miba con calma inusual luego de haber dado de gritos en la sala, la actitud guerrera y las ganas de confrontar sus propias virtudes desaparecieron como si se hubiera abierto una puerta entre ella y yo, y yo habiéndome quedado en el living observándola creí por razones tan simpaticas como que si no piensas en algo desaparece, sólo atine a verla caminar en el otro lado luego que ella cruzara ese portal imaginario hacia una dimensión donde no entraría yo. Caminó el tiempo real a la cocina, su mente puesta en algún lugar de ese otro nuevo hogar, levantó la tapa de la olla sacó la botella de la alacena y la roció sobre el contenido lentamente. Se detuvo solo un momento para remover la carne del fondo y continuo haciendolo, sin prestarme atención o disimular acerca de su actitud cotidiana.
Al terminar volvió a la sala y se sacó los zapatos se sentó en el sillón y abrió la revista de muebles, empezó a leer. Me sentí herido, dentro de todo había acostumbrado a mi ego a ser un ganador en las peleas nocturnas que teníamos, a ser quien quien daba la ultima palabra a quien ella regresaba luego de enjuagar su cólera en el banho, para decirme que tenía razón y que la próxima vez lo pensaría mejor, aunque no haya que pensar, estab ya preparado para la conversación compasiva y lo que trae sentirse protector.
Luego de aquella noche nada volvió a ser como antes y mis lecciones aprendidas se convirtieron en vagos recuerdos de una vida conyugal que no regresaría. Ella había llevado su vida por un umbral al que no podría penetrar yo jamás, con dos ninhos pequenhos tampoco me apetecía envolverme en su locura. la locura real de ella fue el inicio de mi vida que aunque plagada de tragedias he aprendido a contar.
Lo que sigue luego de que el doctor nos dice en plano meditabundo que ella necesitaría medicación es un sano interes en la vida, la actitud positiva de una marido que quiere volver a cortejar a su esposa y traerla con el amor que le profesa de vuelta a casa, pero eso no alcanza. Fueron las pastilas lo único que la volvieron a la casa. Se sentaba, o la sentaba en el jardín a mirar al perro deambular entre los rinconces, y le hablaba de lo bien que la ...

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