miércoles, 1 de septiembre de 2010

stright back: cerveza caliente

El pes-cag'do siempre regresa.
Lo primero que hizo al entrar fue pedirse una cerveza, una de botella, que por ahí era más barata, se paró de espaldas al bar y dibujo en su mente todas las puertas del escenario, en el bolsillo tenía un lapicerode la colleción wallace, un pin de su hermana y un papel arrugado con números de teléfono. esperó a que la ronda de clientes cambiara y el barse llenara de esa gentita cool con la que sabía encontraría a T. Le había puesto así en su manuscrito porque le gustaba la tipología, le gustaba la seriedad y la perfección de la T, y para él, T era indispensable, había escrito varias veces sobre él, hasta podía decir, como lo hacía, que lo conocía. la historia de cuando los dos se sentaron en la mesa de reuniones del Pinguin no es algo que quiera olvidar, se come las u;as de la emoción cuando le viene a la mente el halago que el se;or Pinguin le hizo por sobre el manuscrito de T: potente ironía, mmmh si el mundo entendiera lo que eso significa, y lo que ahora significaría si T lo recordara tambien. Los agentes duran una semana en manos de T, tiene tanto "aliu" que ellos hacen una linea en su puerta para conversar con él, sí él tambien tenía algo de eso, lo cogió de cuando trabajaba con el se;or Pinguin, pero no "con" el se;or en realidad, sino con una de sus sucursales, en el norte chico, que le dicen, donde se mosquea hasta el aceptil rojo.
Ahí lo veía venir, T estaba con su chalina de lino y una camisa de flores, indiscutiblemente horrible, y por ello dejaba sin palabras a sus críticos. él se alejó de la barra y se metió la mano al bolsillo que tenía la llave, hizo un movimiento brusco y tropezó con T.
-Hey, mira quién iba a pensar, cuando volviste a lima?
T frunció el ce;o, tal vez lo conocía, tal vez, estaba harto de esa gente que ahora que salía en la tele lo andaba reconociendo desde cuando él rompió los vidrios de la casa jugando el futball, esa gente que se le pegaba cada vez que iba a una presentación, sólo para salir en la foto, esos como él, con una cerveza caliente y sin espuma, probablemente la misma desde hace tres horas, andando por las cuatro esquinas de la posada, sonriendole a la oscuridad y pretendiendo estar esperando a alguien.
-Estudiamos juntos?
-No, no no, de Pinguin, una reunión en las oficina del se;or Pinguin.
T suspiró, cuántas reuniones había tenido en esa oficina? cuál mamarracho era ese? por qué estaba haciendo el esfuerzo de recordarlo? algo de perversidad le quedaba en la yema de los dedos. iluso.
-Mucho gusto, mister T.
el otro se rió a carcajadas, era como se lo había imaginado. T extendió la mano y él vió abrirse la puerta de emergencia, una mano gruesa se alzó entre ellos y sacudió con fuerza, inmediatamente, la delicada mano de T. el sonido en el otro lado de la sala era como un murmuro de abejas, el partido uruguay-ganha había terminado, la mano peluda se puso sobre el hombro de mister T y de la boca de la mano peluda saliron palabras, seguramente graciosas, porque el ombligo del otro se contraía con frecuencia, ellos se fueron fundiendo con los puchos.
él se sentó en la verja del patio donde ponían a los borrachos a descargar, con una sonrisa en la boca de la botella, al se;or T se lo había comido una rana peluda, eso le pasaba por no ser gay como el se;or Pinguin.

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