domingo, 26 de septiembre de 2010

nuevo: notorius


al abrir el libro de visitas caí en cuenta que no tenía nada. en el 2004, había firmado un comentario acerca de mi futuro en uno de eso panfletos que ponen en los archivos con tu nombre. el doctor cervantes me había incluido en una de las investigaciones sobre la destrucción de la catedral de pisco, en agosto, pero eso yo no lo sabía, aún en aquel a;o cuando hmk estaba en el senhami y yo me acuerdo bien, cuando apareció en la oficina de cervantes en el cafe de letras de san marcos, con un papel en que solo podía ver el mapa de perú y siete colores alrededor, que estaba muy exitado con ese asunto de la magnetica y la alegría de poder pagar sus tres platos al día y además el periodico de un sol cincuenta, le decía al doctor que le estaba yendo muy bien y eso. era una coincidencia mi presencia en aquella mesa, y por eso me gustaba conversar con cervantes porque estaba convencida de que no había manera de que alguna vez nos vieramos envueltos en la farsa de la relación laboral. le escuchab con atención cuando hacía falta, y el resto del tiempo el almacén solo colectaba colores en las paredes y el olor de la gente, que la mayoría de las veces no es interesante (o agradable), solo que era la unica manera de implosionar silenciosamente. la cafetería tenía dos dependientes, uno de ellos era amigo de hmk, así que él llegaba e inmediatamente tenía una taza de café barato y casi frío, como es san marcos, en invierno o verano. hmk me dijo que le habían dado sala del museo para que cuelgue sus trabajos y con entusiasmo me llevó hasta el taller del centro de lima, a cervantes no pudo, porque bueno, el hombre tenía que dar lectura y trabajar, como dice, eso que nosotros no hacemos. miré los cuadros que tenía apilados en una pared, la unica pared pintada de aquel piso, la mesa llena de tarros de pintura barata, clavos oxidados, periodicos en el piso, dos calendarios: 2000 y 1998, había la caja de un televisor en una esquina, y dentro de ella una gata ploma y tres gatos peque;os, aunque debería decir gris, solo porque, al igual de hmk había psado varios a;os entre bastidores. imagino que no tenia muchas personas con quien hablar al respecto en el senhami.
la exhibición fue una suerte de sopa de letras, pasaba por la garganta sin necesidad de masticar, caliente habría sido atractivo pero como el café de san marcos, no tenía nada que me hiciera volver d ela implosión. cervantes también llegó. igual que a la inauguración de la catedral, con un saco gris y tres palabras en el bolsillo: bienvenido al silencio, se detuvo frente al libro de visitas y me dijo:
-no tienes nada que escribir?

No hay comentarios: