sábado, 5 de junio de 2010

maquinaria emocional 12: de vuelta al barrio


Con las cartas dentro de mi mochila fuí a la casona, a resolver. no entendía todavía eso de anfrentarse a los fantasmas y analizar, pero dicen que en situaciones extremas hay que intentarlo todo.
nada de lo que el padre dijo estaba en mi mente. sólo tenía presente su imagen pero no recordaba nada. el hermano de marko me dijo que regresara a su casa si conseguía algo, que de pronto sería la ultima vez que vería a su hermano.
para mí, él se fue el día en que nos quedamos hasta las cuatro de la ma;ana en la azotea del taller, mirando a los gallinazos al amanacer, tomando café del termo, la madrugada en que me dijo que si podiamos jugar con nuestro descubrimiento: la maquinaria emocional, que sería divertido por un rato ver qué cosas teniamos dentro de la cabeza y que usualmente no dejabamos salir, las cosas sobre las que no teníamos poder, sería divertido ver cómo otros no tienen voluntad tampoco, sería divertido jugar a dominar. Nos reímos mucho pensando cuales serían esos secretos escondidos en las cabezas de todos los que conocíamos.
sin embargo, por mucho que pretendíamos, no conocíamos nadie, no teníamos nada que decir que nadie, ni bueno ni malo, todos podrían derrepente actuar de manera diferente, y nosotros nunca tendríamos certeza de nada, ni de las dudas, no terminaríamos de conocer a nadie. al mas amigo se le olvida tu nombre, al completo desconocido lo haces sonreír. y ahí radicaba el poder de la maquinaria emocional, en lo impredecible.
No sabíamos qué saldría de aquello, pero fue la ultima vez que vi a Marko, como fue. en adelante la memoria que tengo es alterada. tal vez de mi, él piense lo mismo sentado debajo de los jazmines de su jardín, mirando a los gallos en el corral, si es que me recuerda.
Al entrar a la casona sabía que tenía que contar con él para terminar todo eso que empezamos, no podía hacerlo sola. y ahí fue supe que no lo reslvería nunca. marko había desaparecido.
sin fuerza me senté donde había estado la estatua y los guijarros que usamos para romperla por completo aún estaban en el suelo. se me acercó un gato gris, flaco, con las costillas salidas y casi sin pelo, maulló frente a mí que hasta pensé que intentaba decirme algo. los gallinazos estaban en los muros. habían estado haciendo la restauración de las paredes laterales pero todavía no resolvían eso de los animales callejeros. habían cubierto con un plastico todo lo que habían trabajado y las herramientas estaban dentro de una caja de madera.
nunca fui propensa a las acciones sin sentido, todo lo que había hecho tendría que resultar en algo que funcionara para mi o para algún propósito. y me imagino que fue esa la razón de mi siguiente accionar, encontrar alguna pregunta que resolver. tomé un martillo empecé a golpear los muros que habían trabajado...

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