jueves, 29 de abril de 2010

maquinaria emocional 11: la puerta

cuando k me dejó en la puerta de la granja de Marko me entró nuevamente la angustia, como la que sentí ala muerte de mi abuelo, al que sólo conocí por foto y dentro de un cajón negro. son raros los velatorios, solo estamos como muertos mirando la flama de la vela consumirse en la madrugada, esperando que todo termine.
lo tome de la mano como si en ella pudiera encontrar valor ante un miedo que no se personificaba todavía. fui tan ingenua todo el tiempo. entonces k que de pronto parecía tener todas lúcidas me dijo que lo esperara en el auto, que el entraría primero a ver si el hermano de marko estaba en la casa.
yo me quede afuera, sentada en la piedra que nos habia servido de consumidero de ideas. me puse la mano en la frente y empecé a recordar en que parte de la casa marko me dijo que guardaría las piezas. k tardó mucho tiempo dentro de la casa. que tiempo había pasado, cuánto tiempo estuve esperando? cuánto nos tardamos en llegar a la casa de marko? empezaron a golpear mi cabeza esas preguntas como si acaba de despertar de un momento que no viví. ka salió por el portón grande conel rostro pálido, se puso delante de mi intentando enlazar palabras en su mente, comunicarme de alguna manera lo que acababa de ver, de pronto era demasiado para su peque;a manera de ver las cosas.
nada es lo que parece, las personas no son lo que parecen, nunca se presenta a ti si es que no necesitan algo, nunca, nadie se presenta ante ti solo para verte. las personas se utilizan. las personas se alimentan de las debilidades de los otros.
cuando k pudo reponerse de ello se sentó a mi lado, y me tomó de la mano, me dijo que aunque hayan dicho esas cosas de mi, el sabia, porque me conocía, que yo no habia actuado premeditadamente, que no habia utilizado ese pretexto de la maquinaria emocional para devolverle lo que me habia hecho, que no había inventado lo del trabajo en la catedral para enga;arlo. k me dijo que me habian dado solo unos minutos para conversar con él. yo le dije que yo no quería conversar en él, sino que teniamos que sacar las piezas, ahora, si podiamos, porque marko...
solo me queria sentir acompa;ada, empece a llorar como si acaba de caerme de rodillas a los ocho a;os en la acera, como si acabara de perder una mu;eca en la sala de espera de un hospital, como si mi madre se hubiera muerto debajo de un automovil, como si me cortaran en cabello una noche de luna llena. me di cuenta que lo imposible se hace real en las pérdidas, me parecio que la maquinaria emocional no estaba evitándome nada, ni dandome poder, yo estaba sobreviviendo.
k me metió dentro de la casa y mientras me llevaba por el camino debajo de las higueras me susurró al oído que marko estaba en silla de ruedas a causa de la caída del techo del taller.

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