jueves, 10 de diciembre de 2009

maquinaria emocional 8

no lo inventamos nosotros, tampoco lo robamos, ni siquiera en nuestros más ocultos paradigmas pensamos que algo así nos cambiaría la vida.
cuando encontramos la maquinaria emocional supimos que la muerte iba a estar conectada a nosotros como una herramienta para auxiliar a los inmerecidos. no imaginamos que tan pronto nos acostumbrariamos, pero despues del primer episodio no se nos haría raro, luego, enfrentarnos así, como hemos venido haciédolo. no solo porque no me parece que una de las dos esferas intente controlar a la otra, sino porque, efectivamente estamos emocionalmente conectados.
la casa canevaro esta en reparaciones, la municipalidad habia invadido el ala izquierda de los dormitorios para cambiar el techo y las conecciones de agua. los abuelos habían sido colocados en dos camas por habitación y tenían un solo ba;o para cada cinco habitaciones. la comida seguía como siempre, mala. a mi me habían contratado para reparar la catedral -que no era otra cosa que un corral de gatos flacos y gallinas cerrado por una puerta colonial con un candado de metal puesto por odria. el restaurador que habían contratado tenía la idea fija de abrir la puerta posterior de la iglesia para que la procesion del se;or de los milagros haga su parada el siguiente a;o. la puerta principal de la casa canevaro daba a la peque;a plazuela donde los drogadictos defecaban, asi que la otra entrada por la avenida era más conveniente para la municipalidad.
los abuelos estan cansados de vernos la cara la cada día, pidiendo permiso para entrar al patio. más de una vez pude ver a un par de viejos desnuedos de pie en la puerta, esperando a que les trajeras la toalla o que los llevaran al ba;o.
la unica promesa que espero que marko cumpla es que me mate antes de llegar a ese estado en que la mente abandona al cuerpo, así nada mas, por viejo.
marko me llevababa en la ma;ana, me ayudaba con las herramientas, y a la noche, me recogía. muy se;orito, como siempre.
el dia que me mandaron a limpiar la caca de paloma de las estatuas de los arcangeles, fue el día en que descubrí mi avaricia y mi deslealtad.
me puse los guantes de latex y la mascara, abrí la botella de acetona y la mezclé, como me dijo el restaurador. ya había sacado todo lo que podía con el bisturí, así que como me dijo abrí la lata para poner los algodones, y me alejé lo más que pude del dormidero de los gatos. ya se habían acostumbrado a mi, en esos días, ya no venían a mis pies aullando.
estaba en esa maniobra de colocar la estatua en un altar que había hecho con ladrillos en ese enredadero de materiales de construcción que perdí la noción del tiempo, cuando tomé la segunda estatua hacia el otro lado... cayó al suelo, así, simplemente se dejó caer sobre los guijarros, bajó de mis manos violentamente al suelo.
traté de colocar las piezas sobre una tela para armarlas luego, nosé cuando, no me imaginaba nada, solo quería tener todo en orden; pero fue imposible tambien, ninguna pieza se reunía con otra, ninguna se ponía sobre la tela, ninguna dejaba su apariencia inerte pero tampoco dejaban que las moviera de su lugar. ninguno de los gatos atendió mis movimientos, sólo se lamían las heridas, las escamas de la piel sin pelo y aullaban cuando los gallinazos se paraban sobre lo que fuera el altar mayor.
tomé un ladrillo y quise destruir una pieza, volverla polvo, pero tampoco pude. entonces supe que algo inhumano estaba controlando la materia. en una de las piezas sujetas al suelo ví la escritura que decía: lo que no se puede controlar no es humano. traje mi bote de acetona y la rocié sobre las piezas peque;as, pero tampoco ubo reacción, busqué más escrituras entre las otras piezas y hallé otra escritura, que decía: sólo la maquina se deja controlar.
cuando marko pasó a recogerme le dije lo que había pasado, el me encontró sentada en medio de las piezas de la estatua, aún con mi mascarilla, y mis guantes. me miró un rato y me preguntó si es que no me había dado cuenta de lo que estaba pasando. yo le dije que no.
marko se puso se pie y sacó un guijarro del bolsillo, lo puso sobre la tela: sólo las emociones se pueden controlar.
el abrio trajo un saco y me metió a un gato, lo mató con el golpe contundente de un ladrillo, los demás gatos subieron a los muros y empezaron a observarnos. yo le pregunté si eso ayudaria a poner la estatua en su lugar, no estaba tan convencida de su argumento, pero lo dejé seguir.
sólo pensaba en cómo levantar la estatua hecha depadazos de entre los guijarros, no sabía que había lo que pretendía.

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