lunes, 12 de octubre de 2009

maquinaria emocional 5

me habia metido en un tubo cuando conocí a marko. literalmente estaba con la falda en sentido inverso y los calzones en la cadera metida en un tubo que iban a poner en el centro de la calle. estuvimos jugando un rato a colgarnos de los arboles porque sacarnos la mierda en los codos y las rodillas detras en el campo no eran suficiente desafío, hasta que llegamos a la decisión de cambiar de rumbo. nos juntamos una de aquellas tardes, y mientras algunos se fueron con las carabinas a matar pichones, los otros decidimos que nos meteríamos en los tubos gigantes. era domingo y habian cercado con mallas la calle y dejado los tractores sentados en la vera. la zanja era como de dos metros de profundidad y ellos estaban colocados a lo largo de tres bloques. levantamos las mallas y nos tiramos ahí abajo, a ver qué pasa, que nadie se muere por tragar un poco de tierra. entre ellos habían nuevos camaradas unidos a las andadas luego de clases. me metí con los pies por delante y mientas iba adentrándome más iba sintiendo como el cemento se iba pegando a mi piel haciéndome una capa sobre las piernas. el olor clastrofobico se fue apoderando de mi cuando me vi en la completa oscuridad de ese largo tubo y solo una luz que entraba por encima de mi cabeza se iba perdiendo a lo largo de mi cuerpo sin dejarme ver los pies, tampoco podía levantar la cabeza, apenas unos pocos centímetros encima de mi la pared del tubo estaba dejando caer su aliento, intentaba torpemente llegar al otro lado, y hasta quise darme vuelta y regresar. podía escuchar las voces de los demas riendo y tirando piedras sobre los tubos, pude sentir el dolor de la tierra al ser forzada a abrir sus cuerpo y recibir al hombre. me parecio que me estaba hablando, me decía que así era la muerte, un suspiro, una palmada, una vibración. mis pulmones se estaban haciendo peque;os y sentí una voz que decía que me metiera más adentro. estaba dando vueltas sobre mi eje y moviéndome hacia el fondo, tocando las paredes, tratando de ver al fin la salida. hasta que la luz desapareció por completo. estaba sólo la idea de mi dentro del tubo un domingo por la tarde. la evidencia de mi presencia era el sonido de mi respiración y tal vez gotas de sangre de mis codos metros detrás. si el mundo se acaba ahora, pense chiquitito, no habré existido. si me acabo ahora, me decía la voz que me dijera, la evidencia del mundo no existe.
hasta que mi cuerpo no pudo moverse mas y sentí una mano en la cabeza, y luego por toda la cara. la primera vez que oí a marko hablarme, me dijo susurrando:
por que te haz metido de cabeza?

mi camarada, lo que para mi era un vicio a juicio, le era un juego de fuego.
nos salimos de noche ya, y nos quedamos sentados sobre los tubos sin decirnos nada. una media luna que de pura suerte se dejaba ver nos parecía una película.
yo no quería imagimar lo que despues iba a pensar de aquella aventura y de las que vendrían, sólo quería que su mano me toque la cabeza cuando esté a punto de morir.

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