lunes, 30 de marzo de 2009

despues de la felicidad: 25 cenas

cerré la puerta detrás de mi muy lentamente, aunque fue bastante difíicl no dar un fuerte golpe por lo desesperado que estaba. dejé la mochila en medio de la habitación y fui en busca de un papel periódico que tenía debajo de la cama. metí la mano y no pude encontrar nada, mi corazón empezaba a latir fuerte, estiré el brazo lo más que pude y di grandes movimientos para alcanzar todas las esquinas debajo de la cama, hasta pense en subar el colchon y buscar bien, pero no iba a perder el tiempo en eso. abrí la mochila y busque mi cuaderno de notas, estaba buscando las hojas vacias cuando un susurro llamó mi atención, habían dos personas comiendo unas papas y pescado al otro lado, estaban sentado en la cama, pude distinguir claramente el sonido de los resortes y las manos limpiándose en la manta. me crispé, dejé todo movimiento y mire por la ventana estirando el cuello, efectivamente ya era de noche. esperé los más que pude, que no fue mucho y sigilosamente me acerqué a la pared. estaban conversando acerca de una cena mas tarde, en el pub, eso me alivió. volví a mi cuaderno y corte las páginas con delicadeza para evitar perturbar a los de la otras habitaciones, al mayordomo del piso. puse los papeles sobre la alfomra y saqué la lata, la puse sobre ellos y tiré del anillo. fue entonces en que descubrí que primero hay que empujar hacia abajo sujentado el anillo. hice mil maniobras, tiré con todas mis fuerzas hacia arriba, empujé y termine por hundir el anillo completamente, el aceite de la lata empezó a salir hacia los lados, los papeles no parecían sufucientes, estaba llegando a la alfombra, desesperé, corté más páginas del cuaderno de notas, sin darme cuenta estaba haciendo demasiado ruido, me dí cuenta de que habían dejado de comer al otro lado, me arrodillé cerca de mi lata dándole la espalda a la puerta. inmediatamente alguien empezó a tocar la puerta, volví sobre mi hombro intentando mirar atravez de la puerta, dejé de respirar lo más que pude, miré por la ventana, todavía no encendían las luces de los jardines. volvieron a tocar, miré a los lados por si había sacado mi teléfono de la mochila, lo peor que podía pasar era que me llamaran, faltaba poco para que enciendan la luz asi que estaba en riesgo. volvieron a tocar por tercerca vez, cuando volví la mirada el aceite se estaba escurriendo en la alfombra, empezé a limpiarlo con las manos mientras mis latidos empezaro a llegar hasta mi cabeza. la puerta externa se abrió con el aullido de las bisagrasa, unos susurros y me pareció que habían salido por completo, me incorporé lentamente y miré por el ojo de la puerta, no había nadie. volvi al centro dela habitación. finalemnte logre abrir la lata de atún. estaba metiendo mis dedos para sacar las piezas de sardinas cuando volvieron a tocar, las luces del jardín se encendieron, el teléfono empezó a sonar, los susurros se convirtieron en gritos. así fueron 25 cenas.

2 comentarios:

Daniel Balboa Santos dijo...

Es usted gentil. Se lo gradezco.

Y parece que hay unos interesantes escritos por aki, debo volver un día con más calma....

ep dijo...

very welcome